sábado, 31 de marzo de 2012

Todos tenemos algo de payaso




Todos tenemos algo de payaso, ya sea porque somos graciosos, o porque por nuestras acciones hacemos reír a los demás o porque tenemos muy una imaginación de niño y esa parte no la podemos olvidar y la llevamos siempre consigo.


En la antiguedad no se hablaba de payasos los que animaban las reuniones de la realeza, sino de bufones, que en realidad eran personajes históricos con licencia para actuar, divertir y burlarse de sus superiores, sobre todo en la corte. Aparece en la fiesta medieval de los bufones, una festividad de año nuevo en la que las reglas habituales de comportamiento y el estatus son invertidas, y en numerosos cuentos folclóricos, mojigangas y otros festivales. Su vestuario tiene colores brillantes, con campanas y cornetas decorando su gorra o sombrero. El bufón de la corte formaba parte de la casa real y era el cómico particular del rey. En la edad media no podía faltar en ninguna corte o palacio. En España durante los siglos XVI y XVII se produjo la época dorada de este tipo de personajes, que abundaron en la corte de los Austria. Casi todos ellos destacaban por su singularidad física, enanos o deformes, y sabían leer y escribir además de contar con todo tipo de habilidades y gracias escénicas.
Luego llegaron en otras épocas los arlequines que suele aparecer ataviado con un traje de rombos de brillantes colores y cubierto por una máscara negra, su personaje está basado en el Arlequín de la Commedia dell'arte italiana, un sirviente de poco ingenio pero físicamente ágil y capaz de cambiar de forma y apariencia a su antojo y la Colombina es también un personaje de la Commedia dell'arte, una sirvienta falsamente ingenua amante de Arlequín, amantes jóvenes y personajes centrales del arlequinado, una forma de entretenimiento que tradicionalmente se representaba como colofón de la pantomima a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Ahora que estamos en el Festival Iberoamericano de Teatro 2012, quise hacer unas imágenes alusivas al evento utilizando primero la máscara que es la imágen del festival y luego me transladé a mi vida imaginaria de payaso. También quise hacer lo mismo con el logo del Banco de Oficios y quedó de lo más gracioso.

Afortunadamente en estos casos las palabras sobran, son más representativas las imágenes. Con esta expresión espero no caer en la monotonía ni mucho menos en la ridiculez.