martes, 3 de julio de 2012

La Catedral de Sal de Zipaquirá ha cambiado en 40 años


El fin de semana pasado, fin del mes de junio fue para mi uno de los mejores de toda mi vida, sin querer cumplí uno de los sueños que he anhelado desde que vivo en Bogotá. Cuando llegué a vivir a la ciudad de Bogotá hace unos cuantos años, vivía a pocas cuadras de la carrilera de un tren que domingo a domingo pitaba a eso de las 10:00 am y yo paraba mi bicicleta y me decía para adentro: "...algún día estaré en él y los que paren sus ciclas serán otros.." Para este fín de semana en la capital habían varios programas entre ellos, comida de lujo en el Festival Gastronómico de La Francachela en la cancha de futbol del Gimnasio Moderno, yo tenía un par de boletas; también estaba el Rock al Parque 2012, que había pensado en asistir en la tarde del domingo, etc. Teniendo toda una programación para el fin de semana, llamé el viernes a una de mis hermanas y le dije que si íbamos a almorzar el domingo (para lo de La Francachela), ella me dijo que el viernes al medio día salía para Cartagena a organizar un evento y que de pronto no estaría a la hora del almuerzo del lunes, como quien dice tenía en vilo la ida. En fin, quería compartir las boletas con una persona de la familia, pero existía la posibilidad de ir con una amiga, y al son de gratis, la gente se le mide, entonces llamé a una amiga, ella no me dió muchas posibilidades porque se le cruzaba con el Rock al Parque, pues me dejó en un de pronto. El sábado no me gusta ir al evento de rock porque el programa aún está crudo y los grupos que se presentan son los de combate, entonces decidí ir el domingo a almorzar rico y luego ir con quien se me cruce, al festival de rock. Pero el domingo a eso de las 6:30 am, me llama mi hermana y me echa el rollo de que su jefa se encargó del evento a partir del domingo y que la despacho en el último vuelo del sabado, me dijo: Carlos alistese con ropa cómoda que le tengo un programa que no se  imagina, en media hora paso por usted y le tengo una sorpresa. 

Esta decisión de última hora cambiaba radicalmente mis planes de domingo y de pronto de lunes, me alisté y esperé a ver cual era la susodicha sorpresa, ella llegó con uno de los conductores amigos, me dijeron que la sorpresa era al sur de la ciudad y que no me la imaginaba. Había una confabulación entre el conductor y mi hermana y yo caí en un juego de palabras.  Cuando llegamos a la estación del tren, se puede decir que se  me vinieron las lágrimas de alegría, quería montar en tren desde hace mucho tiempo atrás, pero el inconveniente que siempre tenía era que esos cupos son peliados y sacar uno el tiempo para ir como complicado, siempre hay con quien ir pero hay que comprar las boletas con mucha anticipación. Como mi hermana trabaja en turismo y en su empresa tienen boletas para muchos sitios turísticos al por mayor, pues la anticipación no la pasamos por la galleta. Solo había que reconfirmar los pasajes del tren, porque no es lo mismo comprar en una taquilla con anticipación que con un tiquete sin vigencia, se reconfirmaron para el día y la hora, no clasificamos para el de la máquina de vapor sino para el de la diesel,  pero el paseo no tenía vuelta de hoja.

Para mi llegar a montar en un medio de transporte en el cual años atrás pasé unos momentos inolvidables, pues cuando yo viajaba de Cali a La Unión, a veces con los primos Fernando y Alfonso, nos bajábamos en La Victoria y esperábamos en autoferro que nos llevaba directo a Cali y nos tomaba menos tiempo, a veces también lo hacíamos de venida. También cuando vivía en Cali, iba mucho a la estación a mirar los trenes, me fascina eso, me enloquece, a tal punto que tengo sonidos de trenes en bruto, más de 20 sonidos diferentes y he presentado trabajos con ellos.

El paseo comenzó sin contratiempos, un tren con una máquina diesel (me hubiese gustado ir en la otra máquina de vapor), la gente cuando uno pasa por el recorrido,  saluda al tren y a la gente, como emulando tiempos de antes y eso lo llena a uno de nostalgia. Hacemos un recorrido por la ciudad, en donde pasamos del occidente al oriente en una hora larguita, el tren en su recorrido no va a mucha velocidad, para que la gente pueda disfrutar y eso hace el viaje más ameno.  Llegamos a la primera parada en la Estación de Usaquén, allí hay más personas, al rededor de unas 50 se suben, pero antes se baja la papayera e interpreta algunos ritmos tropicales. El coordinador del tren nos anuncia el recorrido y dice que este tren tiene un recorrido diferente al de vapor, éste para en Usaquén, hace una parada técnica en Cajicá y va directo a Zipaquirá, en cambio el otro para en Usaquén, La Caro, Cajicá y Zipaquirá. En todas esas estaciones se sube gente, en cambio en el nuestro solo en Usaquén, la parada en Cajicá es solamente para pasar de una línea a la otra. 

Lo más sabroso del viaje, es el entusiasmo en general que le pone la gente, la gente es de todo tipo, de todos los colores, de todos los niveles, pero sin ponerse de acuerdo con ellos,  como que todos pensamos en la diversión. En disfrutar el viaje, en saludar a la gente que está al lado y lado de la carrilera, luego pasa una mujer ofreciendo comida, nosotros afortunadamente, como buenos hijos de Doña Alicia, llevamos fiambre que hemos preparado con anterioridad, mi hermana que es pilosa, se ha llevado dos almuerzos de recicle (son los almuerzos que ella prepara con anterioridad para digerirlos en la semana), yo en la estación compro jugos y papitas.

Cuando vamos llegando a Cajicá para el cambio de línea disfrutamos de un Festival Internacional de Cometas, uno solo ha visto cometas común y corriente pero cuando el evento es de concurso y con varios países en la escena, pues las cometas pasan de forma y de tamaño a ser un espectáculo majestuoso y eso lo hace más visible, claro que nos quedamos como 15 minutos y luego continuamos con el recorrido. Siendo las 11:45 am el coordinador del tren nos dá las indicaciones de rigor para la catedral de sal, como moverse dentro de Zipaquirá y cuales son los medios de transporte y que nos esperaban a eso de las 3:50 p.m. Como nos gusta ir a misa a diversos lugares y el viaje a pie es demorado, el viaje en el tren turístico también, decidimos cojer un taxi y llegar primero.

Cuando llegamos a la entrada, nos espera una cola como de una 200 personas (y eso que en el tren habíamos comprado las boletas para entrar a la mina), ya sabíamos de entrada que no ibamos a alcanzar a la misa, entonces decidimos entrar en un grupo con un guía  y entrar a la mina. Hay que decirlo, la primera vez que yo estuve en Zipaquirá tenía algo así como 10 años o menos y desde esa época hasta el  domingo pasado, pasaron unos cuantos lustros, pero del día que estuve por primera vez hasta el domingo esa mina cambió en un 90%, el sitio está cambiado en la organización, en la mina dentro y fuera de ella, hay cruces en sal en alto relieve en las paredes de la mina simulando los 14 pasos del señor, hay socavones, en cada sitio hay personal vestido de minero tomándole fotos a uno (caritas las fotografías, pero cuando uno lleva blackberry, se ahora ese billetico); hay un espacio que es un juego de luces al final del socavón, en las paredes y en los techos hay luces manejadas por procesador que cambian y forman las banderas de todos los países, hay un centro de convenciones que esta vez lo utilizaban para proyectar una película en 3D que hace un viaje por las diferentes etapas geológicas para mostrar a los turistas las dinámicas de la minería de la sal: “Guasa tesoro de un pueblo”., hay una categral espectacular con tres naves y con una estructura que cualquier ingeniero envidiaría, convenciones, hay también una cámara de café, con música ambiental y un delicioso café colombiano y para completar hicieron al rededor de la entrada una plazoleta de comidas con capacidad para 300 personas, un Museo de la Salmuera, en las antiguas estructuras para el procesamiento de la sal y un muro de escalar en madera: el más alto de Colombia. Mejor dicho cambió la perspectiva que yo tenía del lugar del cielo a la tierra. Pero me encantó el paseo, allí vimos los 4 pepinos que España le aplicó a los galos e hicimos una caminata por los alredores de la mina.

Como es mi costumbre, me gusta hacer un poco de historia, porque la historia refleja el verdadero fin de una crónica: ... En 1992, cuando se reunieron cuatro amigos amantes de los trenes, surgió la idea de rescatar el patrimonio histórico que representan los antiguos trenes movidos por locomotoras a vapor y tener una presencia del tren en la Sabana de Bogotá. Así nació TURISTREN LTDA, una firma privada propietaria del "Tren turístico de la Sabana".
El tren está conformado por antiguas locomotoras a vapor que traccionan entre diez (10) y catorce (14) coches incluido un coche cafetería; tiene una capacidad total de 580 pasajeros cómodamente sentados. Turistren posee cuatro (4) locomotoras a vapor en servicio que ha rehabilitado a través de los años. En el 2007 se dio al servicio el primero de los Autoferros Diesel, los cuales pueden traccionar hasta cuatro (4) coches y tienen una capacidad de 160 a 200 pasajeros. 


Programa de Turistren:

La locomotora a vapor, única en América Latina  en su categoría, alimentada de carbón y agua,  parte a las 8:30 a.m. de la Estación de La Sabana y desde allí recorre la ciudad hasta llegar a  la Estación Colonial de Usaquén donde también se puede abordar a partir de las 9:00 a.m. y emprender un típico recorrido  paisajístico. Saliendo de Bogotá hace paradas en las estaciones de La Caro y Cajicá y termina su recorrido en la ciudad de Zipaquirá para luego abordar un transporte hacia la Catedral de Sal en Zipaquirá. Al medio día la locomotora retorna a Bogotá y con la puesta de sol anuncia la cercanía de la última parada en la que finaliza el tour, en la estación de La Sabana.

El Autoferro de Diesel parte a las 9:15 a.m. de la estación de La Sabana, considerada monumento nacional y desde allí recorre la ciudad hasta llegar a  la estación colonial de Usaquén donde también se puede abordar a partir de las 10:15 a.m. y emprender un típico recorrido  paisajístico hacia el municipio de Zipaquirá hacia el medio día, luego retorna a la ciudad e Bogotá hacia las 3:50 pm, hace una parada en la estación de Usaquén a las 5:30 pm y llega a la estación de la Sabana a las 6:20 pm. Durante el viaje los pasajeros pueden disfrutar de música y gastronomía autóctona del país como tamales, empanadas, arepas, sándwiches y merengón que hacen parte del menú ofrecido.
http://www.turistren.com.co/