lunes, 20 de enero de 2014

Que será lo que quiere la reina, que va a pedir la princesa



Estando en Barichara donde pasé mis vacaciones de fin de año, me ofrecí a hacer el pesebre. Como había espacio se me ocurrió hacer volar mi imaginación, además porque iba a ir una chiquita graciosa y divertida. Pensé en varias cosas para hacer del pesebre un pasatiempo no solo para mí sino para que la chiquita gozara con algo diferente. Como soy afiebrado a los castillos y el espacio libre daba para esto, entonces conseguí cajas de cartón de las más fuertes que hallé en mi largo trasegar diario (todas las mañanas sin interrupción recorría el pueblo con sus calles empedradas y sus bellos paisajes).

Lo primero que conseguí fue el cartón muy difícil en un municipio que recicla y que tenía que esperar cada miércoles de cada semana para recoger el mejor material. Faltaba el sostén de mi idea y pensé en varillas de los voladores para darle firmeza y pegarlo a la tierra. Pero esa idea al fin de al cabo no sostenía el peso del cartón, entonces en mi recorrido también recogí pedazos de palo y los conseguí.


Ahora el trabajo era armar un castillo al rededor de un pesebre, cuidando la estética y la tradición navideña. Mi castillo debería tener todos las características que tiene una construcción de tal magnitud. Para ello tendría que tener garitas, pero como hacerlas? Como en el paseo familiar se compró mucho yogourt y botellas de agua, entonces si hacemos los cortes adecuados podemos tener garitas transparentes y otras más grandes opacas. Como todo castillo debe tener una entrada acompañada de un puente levadizo y lo logré con ingenio y con destreza, se le hicieron las torreones pero tocó hacerlos cuadrados porque el cartón no me dió para hacerlos circulares: 4 en total. Aunque no tenía patio de armas como cualquier castillo medieval, en su interior se alojaban o los reyes magos del pesebre o también los pastores que acompañan al niño Dios en su venida. Como todo castillo que se respete, éste tenía un pozo de la dicha acompañado por camellos y dromediarios, Baltazar, Gaspar y Melchor, apuesto que se lo gozaron y pidieron más de un deseo para el 2014. El castillo no tenía establos para que reposaran las bestias como sucede en los castillos de la antiguedad, nuestro castillo en cambio tenía un aparejo para sostener en el sitio a los pastores y su rebaño de ovejas. Eso si, mucho cartón desplegado a lo ancho del pesebre haciendo las veces de fuerte para que los pastores, los reyes magos y el nuevo inquilino se sintieran protegidos y amparados. No pudimos tampoco hacer un foso porque a los dueño de la casa que amablemente me prestaron el espacio, no les hubiera gustado que se cambiase el diseño del jardín y luego como hacer para meter la tierra que se hubiese desenterrado.




Pero más que un castillo cualquiera, le puse iluminación acorde a la época y para hacer juego con el pesebre y con la idea de hacer volar la imaginación de una niña graciosa y con ganas de soñar.

Como cada castillo y no era ajeno el que yo diseñé tiene su reina, entonces había que diseñar una corona y un cetro, pero quién osaría en su momento lucirlos? La niña del cuento que se hizo realidad y por respeto a sus padres y familiares no doy ni su nombre, ni sus apellidos ni mucho menos exponer su fotografía. 

Lo que si podemos es fotografiar el modelo que se utilizó para hacer la corona y el cetro. Gracias al éxito pudimos conseguir las estrellas rojas y amarillas que coloqué al rededor de la corona. Unas servilletas que mi hermana guardaba para ocasiones especiales, me dió el pie para hacer ver tanto la corona como el cetro como si fueran de oro. Ahhh se me olvidaba, para hacer más vistosa la corona, utilicé el tapón de la champaña...  

Pero lo más importante es que la niña para lo cual iba dirigida el castillo, quedó encantada y la hicimos soñar por un tiempo.